Llegando desde la entrada que esta por prolongación Mariano Otero, el Poleo es un refugio ubicado no muy lejos de la ciudad. Aquí no hay coches, no hay luz, no hay ruido, no hay nada. Sólo hay paz, árboles, viento, nubes, hay montañas, volcanes y piedras. Además de unas cuantas matas de poleo (planta hermana de la hierbabuena, la albahaca y la mejorana).

Mejor lugar no podíamos encontrar para pasar una noche de campamento a la luz de la luna, conviviendo entre conocidos y nuevos conocidos costumbre que poco a poco vamos perdiendo por el uso desmedido de las redes sociales.

Un recorrido que nos recuerda lo simple y hermosa que puede ser la vida si recordamos nuestros orígenes y damos tiempo a encontrarnos con  nosotros mismos de vez en cuando.