Es hermoso e imponente por su extensión y fisonomía, donde la planta endémica, que le da nombre al área, el cirio, se ve por doquier, en todos los tamaños, pero los que más impresionan son los que llegan a medir hasta 20 metros.

 

Un paisaje al que no estamos acostumbrado a ver en el seco y semicálido ambiente del centro de la Península de Baja California.

Es una de las áreas protegidas más extensas y mejor conservadas del país, colinda con dos mares y está rodeada por sierras bajas como La Sierrita, San Francisquito, Calamajué y Colombia. Para admirar sus atractivos naturales cuenta con cabañas y varios servicios que facilitan las actividades de ecoturismo.